Esas tardes frías que caminas junto a una gran personita por las lúgubres calles de San telmo, con la esperanza de que pase algo que cambie tu día, para después contárselo a más gente solo para sacar un tema de conversación y te respondan con la típica risa que tiene muy bien escondido un "la verdad, no me interesa." Pero ya el hecho de caminar junto a esta persona, cambia tu día, y por eso le agradezco infinitamente las charlas en cada esquina de capital federal que tuvimos.-
7.7.11
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